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domingo, 12 de enero de 2014

Sinfonía de la tristeza: segundo movimiento

Un día la persona salió a la calle
Era invierno
El aire sabía a nieve
El aire sabía a rabia

Había gente por las calles
Tenían los corazones rotos
Tenían las voces rotas
Pero no dejaban de gritar

La persona volvió a tener miedo
Pero la gente era amiga suya
Gritaban por ella con sus voces rojas
Por ella y por todos los demás

Había pancartas negras como cuervos
Y rabia en los corazones
Y Zéca Afonso cantaba por los altavoces
Y nadie tenía miedo

Antes la rabia le daba miedo
Porque era del color de su sangre
Pero la persona sintió inflamar su corazón
Y floreció la rabia en su pecho

Le dijeron que no todas las rabias eran malas
Que la rabia movía a la gente
Se paró y pensó
Quizá tuvieran razón

Pero estaba asustada
No sabía qué pensar
La empujaban
La presionaban

Se subió a lo alto de la colina y chilló
Chilló a los adultos
Chilló a los niños
Chilló y chilló

Comprendió
Y su corazón se rompió
Y su voz se rompió
Pero no sentía miedo

Y acompañó a Zéca Afonso
Y siguió chillando
Y siguió luchando
Y algo cambió

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