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domingo, 9 de febrero de 2014

Siberia

Había música de los sesenta en tu coche
y manchas de tiempo en el salpicadero
y la palanca de mandos guiaba mi corazón
corazón latente, miserable.

 Las viejas grietas de la carretera nos sonríen
irónicas, burlescas, compinchadas con la nieve
y las garras del tiempo ríen a carcajadas
y el humo de tu aliento sabe a rabia roja.

Los silencios se hacen largos
los cafés se nos enfrían en la boca
las miradas topan contra muros de hierro
y nuestras manos huyen acorbardadas.

Es un vasto territorio el de tu pecho
tu corazón magmático se ha tornado hielo
—azulgrisnegroblancoplata—
y me escondo en las gotas de lluvia.

El aire sabe a miedo
el aire sabe a rabia
a palabras que me callé
a palabras como cuchillos afilados.

Nuestro pulso ya no es una sinfonía
ahora son martillos y piedra entrechocando
son amantes distanciados
y el lado vacío de la cama.

Siberia soy yo
y tú la aurora boreal
y ojalá estuvieras aquí
para desterrar tu propio frío de mi alma.

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