Estaba mirando este día tan bonito, con oleadas de lluvia y mareas de viento, cuando se me ocurrió la respuesta a la pregunta, ¿o es La Pregunta? Porque todos nos la hacemos en algún momento de nuestras vidas.
¿No me entiendes?
Sígueme, te lo explicaré.
Imagina que la felicidad para ti está en los amigos, la familia, la gente. Vas a los sitios, conoces gente, pasas las noches cenando con tu familia, tienes hijos, disfrutas viéndolos crecer, tienes salvajes noches con la persona amada, estás contento con tu trabajo. Pero no has encontrado la felicidad. Y tienes tu vida hecha, y decides cambiarla.
Estudias inglés u otros idiomas para comunicarte con la gente extranjera, coges aviones y trenes, adquieres una caravana, llenas el depósito de gasolina de tu coche... en resumen: viajas a otro país. Y allí exploras su cultura, conoces a su gente, degustas su gastronomía, vives por sus paisajes, lees su literatura, imitas sus costumbres, investigas su religión. Pero no has encontrado la felicidad. Y cortas los lazos que te unen a ese país y prosigues con tu búsqueda.
Entonces crees que la felicidad podría estar escondida entre las páginas de un libro. Vas a las bibliotecas. Compras libros. Los descargas. No importa. El caso es que te sumerges en un torbellino de historias apasionantes, ensayos que retan tu forma de pensar, que te obligan a replantearte todo lo que tenías por seguro. Adquieres nuevos conocimientos, tan vastos y frescos como la selva amazónica. Pero no has encontrado la felicidad.
Se te ocurre que tal vez la felicidad esté en las pequeñas cosas, que no hace falta tenerlo todo. Abandonas tus libros. Te mezclas con gente que jamás imaginaste: mendigos, drogadictos, presos, manifestantes, personas necesitadas de ayuda; abandonas todos tus esquemas de vida ordenada y te lanzas a la cruda realidad. Y sigues sin encontrar la felicidad. Pero ya eres muy mayor, y te tumbas en la cama y te duermes.
Y entonces piensas, ¿de verdad no he sido feliz? ¿De verdad no he disfrutado de los viajes, de mi gente, de los libros, del ardor de la vida? ¿Y si me hubiera quedado postrado en la cama, igual que ahora, esperando que la felicidad me encontrase a mí en vez de ir yo a ella? ¿Hubiera sido más feliz? No lo sé, no me importa. Sí, he sido feliz. Porque la felicidad completa no existe, pero cada instante de alegría compensa las penurias.
Y creo que ésa es mi respuesta a la pregunta universal: la felicidad consiste en buscar la felicidad.
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