Miro al cielo y veo tus ojos,
y las nubes se desgarran
golpeadas por la melancolía,
y tus ojos estallan.
Empieza a llover.
Salgo de paseo por tu conciencia,
rabiosa en una tormenta de calma.
Tu fuego exhuma la tristeza.
Un solo pensamiento tuyo
resquebraja toda mi cuerda entereza
y el olvido suspira.
Es medianoche,
la hora de los sueños rotos..
Recuerdo la curva de tus dedos en mi piel
y me sabe a calle estremecida.
Mi alma endeble añora
la huella de tus ojos en mis ojos,
alma y corazón,
frío y calor.
Pero eres un desierto.
Me fundo en tu piel
como una vela de cera.
Las velas se me parecen.
Ambas somos frágiles bajo el vendaval. (Tú.)
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