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martes, 29 de enero de 2013

Calle mojada en otoño

Hace sol, pero llueve.
Hace sol y son las ocho. Llueve y son las ocho y cuarto, y es la calle.
La calle es el calor de las personas. Son las ocho y cuarto, y son farolas de guardia por la noche, y es hálito negro de tristeza.
Ahí estás tú. Eres plumas de cuervo y eres olas de amatista, y eres peligro ondulante y eres luna rielada en los tejados. Eres frambuesas frescas y eres golondrinas.
Y eres yo, pero yo no soy tú.
Yo soy tormenta y soy fuego. Soy león y soy dunas en el desierto, y soy colibrí y soy selva empapada. Soy madera pulida y ojos de miel. Soy rayo serpenteante y soy alfombra mullida.
Hace sol, pero llueve.
Y sale el arco iris.
Y somos nosotros.
Somos violencia y somos noche de bruma. Somos gritos y somos sollozos y sábanas enredadas. Somos tú y yo sin más, pero tampoco menos.
Son las ocho y cuarto. O las ocho. O las ocho y media.
No lo sé.
Las calles -gente, asfalto, farolas, nubes- se ondulas, porque la calle eres tú y la calle soy yo, y somos nosotros los que la creamos andando.

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