Miro por la ventana y el cristal está frío. Está frío y llueve, las gotas hacen carreras hasta llegar a mis dedos. Encima de mí está el cielo, profundo e insondable como el abismo. Y entonces vuelo.
Subo y subo y subo y subo y subo y subo y vuelo entre las nubes de algodón. Miro hacia abajo y veo a la gente parada en la ciudad, todos mirando hacia arriba y todos con la boca abierta llenándose de gotas de lluvia. Y todos pensando lo mismo en su cerebro de borregos estiran el dedo y me apuntan con él y todos a una abren aún más las bocas y dicen: «Ooooh». Y yo corro entre las nubes como Pegaso, y el viento me arrastra porque soy una conciencia, porque no peso nada más que unos cuantos sueños y un par de sentimientos. Y me lleva hasta un país muy distinto. Hace mucho calor y los borregos de abajo gritan al verme, como todos, y también señalan, pero no son como los otros. Los otros van de gris, con trajes, sin nada más que las prisas que puedo ver en sus cabezas vacías; éstos llevan ropa ancha, algunos, y las mujeres se tapan toooodo el cuerpo, hasta la cara, ¿por qué se tapan? No lo comprendo. Las mujeres siempre van con hombres, ¿por qué? ¿Por qué a esa mujer que hay en la esquina le están pegando unos hombres y nadie hace nada? ¿Por qué?
Y entonces el viento vuelve a golpearme con sus dedos intangibles y me arrastra a otro país. Es muy diferente, pero no mejor. Los niños son como sombras de niños, delgados, enfermos, sin esperanza. La pobreza se declara reina y señora del poblado. Hay unos pocos de los otros, de ésos con la piel de harina, en vez de éstos que tienen la piel de chocolate. Ponen vacunas y dan comida, pero son tan pocos... tan pocos... tan DESESPERADAMENTE POCOS... ¿No debería haber más, muchos más, y colegios, y hospitales? No comprendo.
Otro viaje a lomos de las nubes y aparezco en otro país, otra cultura, otra gente. Hay un grupo de hombres, no hay mujeres, con oros por todas partes, sedas, tocados extravagantes, cetros con más oro y piedras preciosas, en un lugar enorme y lleno de cuadros y brillos dorados, y hablan de dar alimento a los pobres y ser caritativos, y luego piden dinero en una cesta. Pero, entonces, ¿por qué no dan a los pobres alguno de sus cetros y sus vestidos costosos? Y ¿por qué echan casi a patadas a un chico de la mano de otro chico? ¿Y por qué aquel otro hombre está muy pegado a un niño en la habitación de al lado, con el pestillo bien echado? ¿Qué está pasando?
Viajo y viajo y viajo y viajo y cada país que visito es una tortura. En las cabezas transparentes de la gente veo codicia, egoísmo, hipocresía, ganas de obtener poder a toda costa. Poca gente se salva. Y finalmente bajo y bajo y bajo y bajo y bajo hasta mi país, y veo gente luchando por sus derechos mientras unos cuantos borregos les pegan con palos sin saber que también son sus derechos, protegiendo a unos cuantos borregos ricos y estúpidos. Veo estudiantes convocando huelgas; al entrar en las aulas están vacías, pero las manifestaciones tienen pocos seguidores, y descubro a algunos estudiantes calentitos en sus camas mientras otros se destrozan la garganta por ellos. Veo borregos necios que no se dan cuenta de que sin luchar no se consigue nada, que prefieren callar y aguantar una retahíla de burlas sin hacer nada. Veo hombres torturando toros, embutidos en trajes dorados, mientras una multitud ignorante los aclama. Veo más hombres vestidos con ropa carísima fingiendo solidarizarse con el hambre del pueblo, alabando a un dios anónimo, mientras en sus casas les esperan langostas y caviares. Veo colas larguísimas de ingenieros, médicos, etcétera entregando sus currículums en McDonald's porque en esta vida perra el dinero es el más poderoso aliado que uno puede tener.
Viajo y viajo y viajo y viajo y cada país que visito es una tortura. En las cabezas transparentes de la gente veo codicia, egoísmo, hipocresía, ganas de obtener poder a toda costa. Poca gente se salva. Y finalmente bajo y bajo y bajo y bajo y bajo hasta mi país, y veo gente luchando por sus derechos mientras unos cuantos borregos les pegan con palos sin saber que también son sus derechos, protegiendo a unos cuantos borregos ricos y estúpidos. Veo estudiantes convocando huelgas; al entrar en las aulas están vacías, pero las manifestaciones tienen pocos seguidores, y descubro a algunos estudiantes calentitos en sus camas mientras otros se destrozan la garganta por ellos. Veo borregos necios que no se dan cuenta de que sin luchar no se consigue nada, que prefieren callar y aguantar una retahíla de burlas sin hacer nada. Veo hombres torturando toros, embutidos en trajes dorados, mientras una multitud ignorante los aclama. Veo más hombres vestidos con ropa carísima fingiendo solidarizarse con el hambre del pueblo, alabando a un dios anónimo, mientras en sus casas les esperan langostas y caviares. Veo colas larguísimas de ingenieros, médicos, etcétera entregando sus currículums en McDonald's porque en esta vida perra el dinero es el más poderoso aliado que uno puede tener.
Y vuelvo a mi cuerpo y regresa el frío, la lluvia, los sonidos y los olores. Todo está igual, nada ha cambiado.
¿Nada?
Ahora soy consciente.
Ahora soy consciente.
Qué estúpidos somos los humanos.
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