Cuando éramos pequeños él me llamaba "pichonita" y yo a él "parrulo". No puedo decir que no nos peleásemos ni discutiésemos, porque sería mentira; pero lo compartíamos todo, todo, todo, de modo que en realidad no teníamos excusa para reñir. Pero son cosas que todos los hermanos hacen antes o después, es ley de vida, tan natural como respirar.
Recuerdo tardes enteras jugando a los piratas o a los caballeros, explorando el bosque en busca de un tesoro escondido, subir hasta la vía del tren para tocar el cielo o internarnos en el llamado "tobo do lobo", un pasadizo lóbrego y oscuro goteante de agua. Mi padre nos construyó una vez una casita en un árbol; no me acuerdo ya cuántas veces he subido allí con un cacho de bizcocho, llorando, porque él me tiraba del cabello a medida que fuimos creciendo. Cuando yo tenía seis años y él ocho, nos mudamos a la ciudad, pero los juegos no terminaron; aunque ya no podíamos correr como locos por la finca, las escaleras parecían un magnífico Everest inexplorado y poner a prueba los nervios de los vecinos constituía todo un reto que jamás tuviéramos ocasión de realizar.
Pasaron los años; cuando él cumplió los doce o trece años, entró en la adolescencia y se volvió arisco, borde y malhumorado. Creí que habían capturado a mi hermanito y habían metido en casa a un extraño. Inevitablemente fui mil veces tras él, siendo apartada de sus "cosas de mayores" docenas de veces.
Pero ahora que yo también pasé por lo que pasó él, tuve los problemas que él tuvo y lo comprendo mejor de lo que jamás pensé que llegaría a entenderle, puedo decirle una cosa sin ningún género de dudas. Si tienes hermanos, lector, recuerda que no siempre van a ser los niños pequeños y monos de tu infancia, pero tampoco el mal carácter va a durar siempre. A menudo he deseado ser hija única, sí, pero cuando él no estaba me sentía sola. Hijos únicos, nunca sabréis lo que es tener una persona que te saca de quicio a todas horas, que puede ser borde un instante y al siguiente sonreírte. Pero a pesar de todos los problemas que hemos pasado y lo que pasaremos, lo que quiero decirte, hermano, es que te quiero.
[Nota: parrulo significa pato en gallego, y tobo do lobo, túnel o madriguera del lobo.]
No hay comentarios:
Publicar un comentario